De la suerte

Muchas personas creen en eso que se llama suerte, o lo fortuito; una especie de fuerza incontrolable que a veces tiene protagonismo en nuestra vida cotidiana y no tan cotidiana.
Me la paso escuchando frases como “la pelota no quiere entrar” o “esta no es mi noche” y admito que a veces también tengo esa sensación, ese presentimiento de que los acontecimientos no se dan como yo quiero y me juegan en contra. Pero esto es más que nada para desmitificar una concepción general que últimamente me está molestando: yo juego al poker (Texas Hold’em más que nada); no lo hago de manera profesional pero tampoco soy un amateur…digamos que me sirve como una buena entrada económica.

Más allá de la plata uno “juega” por diversión, para autosuperarse y ser cada día mejor (sea fútbol, ajedrez o poker). Uno no compite contra el adversario: compite contra uno mismo. El oponente simplemente es un reflejo de lo que pensamos que piensan de nosotros, es un espejo nuestro. En el caso del poker quiero dejar algo en claro porque mucha gente me viene preguntando lo mismo últimamente: “¿Y tenés suerte?” “¿Te va bien?” “¿Te tratan bien las cartas?” “Conozco historias de personas que así lo perdieron todo”. No señores. No es así.

La ruleta, el Black Jack u otros juegos de casino no son cuestión de “suerte”, todo lo contrario; están arreglados para que el que va a jugar NO GANE. No es suerte, sino no sería un negocio para los casinos. Pero no es correcto poner en la misma bolsa al poker que a otros juegos de cartas o de casino. Créanme que es diferente. Uno no compite contra el casino, compite contra personas.
No me voy a poner a explicar como en realidad se juega al poker, pero voy a retomar una idea del principio de este texto: por más que “la pelota no entre”, un equipo profesional de básquet no va a ser derrotado por uno amateur. Va a ganar el que tenga más técnica, juegue mejor y utilice una estrategia adecuada (es decir, el mejor equipo).

Esto es exactamente lo mismo. No es un juego de que “gana el que miente mejor”. Gana el que toma mejores decisiones, el que calcule mejor las probabilidades, que que sepa leer la mano del otro. En fin, para no aburrir encontré una publicidad que me parece que cierra muy bien la idea.

Keep it real

Todos sabemos que el “progreso” o crecimiento en nuestras vidas no lo marca la fecha de cumpleaños. La vida se mide en hitos. Hay ciertos momentos o hitos que marcan un cambio radical, dependiendo de cada uno: mudanza, cambio de trabajo, situaciones familiares, un libro, etc.
La cuestión es cómo ocurre ese hito que se da en UNA esfera de nuestra vida y se replica en todos los otros ámbitos. De alguna manera tratamos de hacer encajar o justificar ese suceso en un área en particular a todo el resto de nuestra existencia. Por ejemplo: un libro de historia nos hace valorar y analizar de distinta manera la vida familiar, laboral, la amistad, etc. No dejamos la visión histórica con la historia, sino que significa tanto para nosotros, que la traspolamos a otras áreas de nuestra vida cotidiana.

Supongo que esto es inevitable y hasta natural en todos nosotros, en varios momentos de nuestras vidas; pero es interesante hacer el ejercicio de “rollback” y poner significativamente cada cosa en su lugar, para ver con qué nos quedamos.

¿Cómo sería nuestra visión de las cosas separando las aguas en cada área de nuestra vida?
¿Es posible? ¿Está bien? ¿Está mal?
Con esto no me refiero a una “filosofía de vida”, sino manera de ver las cosas. Puntos de vista. Capaz que sin darnos cuenta algunas opiniones que teníamos formadas sobre algún tema se modificaron debido a algún hito y al leer esto te ponés a analizar y si! Yo no quería que pase eso, pero paso! Y ahora uno se da cuenta.
A veces nos puede jugar en contra. Más allá de eso creo que no hay que estar en la búsqueda constante de la objetividad, sino del “keep it real”. Lo más objetivo que podemos hacer es admitir nuestra subjetividad.

Pan y circo

En vísperas del Mundial de Fútbol, acá en Argentina se respiran aires bastante particulares. Aires renovados por los recientes festejos del Bicentenario, la transmisión pública y gratuita del torneo local de Fútbol, una constante arenga mediática, etc.

Una vez terminado el partido Argentina 2 – Grecia 0 el martes pasado pasó algo que era de esperarse: el gol del jugador Martín Palermo fue la noticia del partido y, me arrisesgo a decir, la noticia más destacada en lo que va del mundial de fútbol. Hace 2 días que solo se habla de Martín Palermo, su trayectoria y su gol con la camiseta de la selección. Pero por que? Porque es noticia un jugador que solo entró 10 minutos e hizo un gol que no fué destacable o “vistoso”?

Dejando atrás toda la historia de Palermo acerca de cómo llegó a la selección y su carrera, noté la importancia que los medios le estaban dando a ese gol.  Una notoriedad de primera plana. Entonces empecé a tomar nota de todo el background de la situación:

  • El director técnico de la selección es Diego Maradona, ícono de Boca Juniors.
  • 4 de los jugadores del plantel tuvieron un pasado importante o fueron íconos en Boca Juniors.
  • Alejandro Mancusso, diestra de Maradona, tuvo su pasado en Boca Juniors.
  • Boca Juniors es el club mas adinerado y con mas simpatizantes en Argentina.

La clave está en lograr que el que consume la noticia se sienta identificado con ella, y que mejor oportunidad que este gol de Palermo! Una selección comandada por un referente de Boca Juniors, alentada por “barras bravas” de Boca Juniors que está jugando no solo en nombre de los argentinos, sino en nombre de Boca Juniors.  De ahí se apela al sentimiento “boquense” de una manera muy  a lo Goebbels, reforzado con la idea de que “se puede a lo fácil” legitimando el oportunismo y el resultadismo que el argentino lleva tan tatuado en la frente.

Me vino a la cabeza una vieja frase: “Este país es peronista, hincha de Boca y mira a Tinelli”


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